Por Miguel Lázaro (@miguel_lazaro_)
Son Moix termina pidiendo la hora en la celebración de su Centenario, ante un Oviedo con 10 jugadores, que ha aportado el juego, la posesión y la presión de un derby, en el que ha tenido que hacerlo todo él solo sobre el campo.
[Imagen marca.com]
Se ha ganado, sí. Si
bien la suerte no debía ser el jugador nº 12, en el partido contra El Real Oviedo
ha sido el ítem al que ha tenido que recurrir Son Moix. Con Robert Sarver y Steve Nash en el palco presidencial, el equipo bermellón no mostró
el nervio suficiente que se exigía. La sensación fue podría decirse la de siempre: una primera parte rocosa
y una segunda parte, con muchas prisas y sin acierto, pero con suerte.
El RCD Mallorca debe
ser objetivo consigo mismo: algo que parece ser difícil de entender por parte
de la grada, pero necesario. Después de una semana de celebración
institucional, consigue ganar los 3 puntos y alejarse de la zona de descenso
con un partido menos. Una vez más fue Lago
Jr. el que más peleó cada balón.
Parece que la
posición, por el momento es la garantía que aporta Fernando Vázquez en la alineación; eso es verdad, pero se echa en
falta una comunicación más efectiva entre el centro del campo y la reforzada
delantera ¿más fichajes? El último toque sigue siendo la deuda pendiente en el
área contraria, el acierto sin precipitación y la sangre fría para marcar:
alguien tiene que decirlo.
Lo mejor: sin duda el
resultado y un Iberostar Estadi hasta la bandera, entregado, que ha empujado a
su equipo. Lo peor: la sensación agridulce de haber ganado más por un golpe de
suerte que por buen juego. El autogol del Real Oviedo, en despeje fallido de David Fernández, sin el cual no
estaríamos hablando de una victoria necesaria. La ocasión lo requería, pero el
mallorquinismo pide más y quiere que su club insignia sea un equipo sólido, que
por el momento apuesta más por las circunstancias que por el gol.

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